Aún me acuerdo de esos días familiares en los que mi abuelo, en un intento por hacer que comprendiéramos y apreciáramos todo aquello que teníamos, nos acababa contando lo difícil que era la vida en su época y cómo tenían que trabajar de sol a sol en el campo, para con suerte conseguir tener un plato de comida caliente al día. Y matizo: “un plato caliente de comida al día”. O comían o cenaban, no había dinero para más. Había que conformarse con eso, lo cual ya era todo un lujo.

Nos contaba cómo tenía que vivir toda la familia (abuelos, padres, hijos…) hacinada en la misma vivienda, porque no se podían permitir independizarse de sus padres, y todo ello debido al escaso trabajo que había y lo mal pagado que estaba. También nos contaba, cómo la gente, harta de vivir en estas condiciones acababa emigrando en busca de nuevas oportunidades, a países con mejores condiciones de vida, como Argentina o Alemania. En aquella época, España era muy conocida por ser “un país de emigrantes”.

Todo esto me lo contaba mi abuelo hace años, cuando España se había convertido en un país de oportunidades, donde había trabajo y sueldos aceptables, donde la clase media y baja podía permitirse una vida bastante aceptable, y donde los jóvenes podían permitirse independizarse sin ayuda de los padres.

Desgraciadamente, pocos años después, estás conversaciones vuelven a repetirse, pero con un matiz más oscuro y preocupante. Ahora ya no es mi abuelo quien me cuenta estas historias. Soy yo, su nieto, el que se las cuenta a él. Y es que la situación actual nos está haciendo pasar por las mismas penurias. El paro supera el 50% entre la población joven, y el 20% en la población en general, muchos de los trabajos que se crean o han creado no llegan ni a 900 euros al mes, y hay más de 1.000.000 de familias con todos sus integrantes en paro y que no reciben ningún tipo de prestación.

La situación que acabo de describir, nos ha llevado de nuevo a muchas familias a vivir hacinados en una vivienda, lo que ya se puede considerar también un lujo, si pensamos que desde que empezó la crisis más de 400.000 familias han sido desahuciadas, ya que no podían hacer frente al pago de la hipoteca, debido a la pérdida de su empleo o la bajada de sueldo que están llevando a cabo muchas empresas.

Y volvemos a vivir una terrible realidad, y es que para muchos en este país, (empezando por los más de 1.000.000 de personas sin prestación por desempleo), tener un solo plato de comida caliente al día se ha convertido de nuevo en un lujo.

Nos hemos convertido en un país donde nuestros jóvenes, la generación más formada que ha tenido España, no tienen ninguna salida laboral, y los pocos que lo consiguen lo hacen a cambios de sueldos ridículos, que no llegan para pagar el alquiler y su propia manutención.

Pero por desgracia la cosa no acaba ahí, ya que, según varios estudios, más del 25% de los niños españoles viven por debajo del umbral de la pobreza. Todo ello ha provocado que sólo en los últimos años, más de 1.000.000 de personas emigraran de España a otros países, con la esperanza de conseguir una vida mejor, lo que demuestra que España vuelve a ser, otra vez, “un país de emigrantes”.

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